Qué es el habla silbada y dónde sigue viva: silbo gomero y más

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Imagina un silbido largo, sostenido, que recorre lomas y barrancos. Suena a señal, pero en realidad es una frase completa. En unos pocos rincones del planeta el silbo sigue siendo una forma de comunicarse: no un código de gestos, sino habla real capaz de transmitir significado, entonación e incluso emoción.

Como apunta el medio Turistas, esta práctica tomó forma mucho antes del teléfono. En montañas, bosques y poblados dispersos, un grito se apagaba enseguida. Un silbido, en cambio, viajaba sin esfuerzo: se oía a kilómetros, sobre los desfiladeros y a través de la maleza. Cuesta no verlo como una proeza de ingenio colectivo.

Cómo funciona el habla silbada

Las lenguas silbadas no son idiomas aparte; son un modo especial de transmitir el habla cotidiana. No se limita uno a lanzar señales: se construyen frases, y el ritmo y la entonación de las palabras se traducen en silbos.

Para quien no está habituado puede sonar enigmático. Para quienes crecen con ello, el sentido se desprende con claridad del sonido. Las palabras se vuelven melodía, y el significado viaja no en letras, sino en el tono y el timbre.

Dónde sigue vivo el silbo

Uno de los ejemplos más conocidos está en La Gomera, en las Islas Canarias. Allí, el silbo gomero es una modalidad silbada del español. Lo desarrollaron los pastores para comunicarse a través de los barrancos profundos y un relieve quebrado y ondulado.

Con el tiempo, el silbo gomero se convirtió en un pilar de la cultura local. Se enseña en las escuelas, y unas 22.000 personas en la isla lo comprenden al menos en parte. Algunas lo dominan hasta el punto de mantener conversaciones enteras a base de silbos.

Una tradición similar pervive en Turquía, en la aldea de Kuşköy, cuyo nombre se traduce como Pueblo de los Pájaros. Los habitantes lo llaman idioma de los pájaros. Los más jóvenes lo usan menos en la vida diaria, pero la generación mayor aún recuerda cómo convertir las ideas en frases silbadas.

En la isla griega de Eubea, en la aldea de Antia, un grupo reducido de personas también conserva esta destreza rara. Investigadores de University College London la estudian, la registran y la analizan para documentarla y proteger la práctica.

Cuando una lengua estuvo a punto de desaparecer

No todas las tradiciones sobrevivieron. En el pueblo de Aas, en el sur de Francia, en los Pirineos, existió una lengua silbada que usaban los pastores. Tras la muerte de su última depositaria, Anna Paiyas, que la hablaba con fluidez, la lengua quedó al borde de la desaparición.

Aun así, continúan los esfuerzos por preservarla. En 2024, entusiastas subieron a internet la primera grabación de audio de esta habla silbada en muchos años. Fue un recordatorio contundente de la tradición y avivó la esperanza de un resurgimiento.

Por qué importa

El habla silbada es más que una rareza exótica: muestra hasta qué punto la comunicación humana puede adaptarse. Cuando una comunidad afina el oído, el significado puede viajar en el sonido más que en la palabra.

También es un hilo de la memoria cultural. En tiempos de tecnología y mensajería instantánea, estos idiomas recuerdan una época en la que bastaban la voz, el oído y el ingenio. Sin apoyo, se desvanecen con rapidez: los jóvenes se marchan y el teléfono va desplazando cualquier alternativa. Ignorarlos como simple curiosidad sería corto de miras. La experiencia de las Islas Canarias sugiere que llevar este habla a las aulas puede darle una oportunidad real de seguir viva.