Pantallas y salud mental: qué muestran los metaanálisis
¿El tiempo de pantalla perjudica la salud mental? Metaanálisis: impacto promedio pequeño, riesgos en uso problemático y claves prácticas para ajustar hábitos.
© Dasha Sysoeva
Muchos nos reñimos por esos minutos de más con el móvil y nos preguntamos si el desplazamiento infinito daña la mente y el cuerpo. La literatura es inmensa: cientos de miles de estudios relacionan el tiempo de pantalla con depresión, ansiedad, mal sueño, obesidad, diabetes e incluso riesgo de suicidio. Suena inquietante, aunque la pregunta clave late debajo: ¿qué va primero, la pantalla o problemas que ya estaban ahí?
La mayoría de esos trabajos capta correlaciones, no causas. Para acercarse más a la realidad, los investigadores recurren a grandes metaanálisis que combinan datos de alta calidad. Ahí es cuando el relato más alarmante empieza a verse bastante menos dramático.
Qué muestran los grandes metaanálisis
Uno de los trabajos más llamativos, realizado en 2019 por Amy Orben y Andrew Przybylski, revisó un enorme conjunto de encuestas a adolescentes. Al comparar la influencia de más de 20.000 factores, concluyeron que el tiempo de pantalla explicaba apenas el 0,4% de la variación en el bienestar adolescente: un efecto comparable al de comer patatas. A primera vista, ese porcentaje invita a tomar distancia del dramatismo.
En contraste, el acoso entre pares tenía un impacto negativo más de cuatro veces mayor, mientras que dormir lo suficiente y desayunar bien aportaban mejoras mucho más perceptibles.
En conjunto, los datos apuntan a que, en promedio, la influencia de las pantallas es modesta —para bien y para mal—.
Por qué es tan complejo
Incluso estos resultados siguen siendo correlaciones. La vida cotidiana es desordenada y aislar causas y efectos nítidos cuesta mucho. La propia idea de “tiempo de pantalla” añade otra capa de confusión.
Bajo una misma etiqueta caben televisión, redes sociales, videojuegos, libros electrónicos y más, y hay pocos motivos para suponer que funcionan igual. Muchos estudios se limitan a contar horas frente a la pantalla, a menudo con mediciones autoreportadas, lo que reduce la precisión.
Incluso dentro de las redes sociales, las experiencias se bifurcan: no es lo mismo una discusión política a medianoche que una charla amistosa. Un metaanálisis de 2024 en SSM – Mental Health informó correlaciones positivas pequeñas cuando las plataformas se usan para comunicarse o mantener redes amplias en línea, y negativas pequeñas cuando el uso gira en torno a la comparación social o a lo que los investigadores describen como uso problemático, algo parecido a la dependencia.
Qué hacer con estos hallazgos
El temor por la salud infantil empuja a los gobiernos —entre ellos, Reino Unido y Australia— a fijar límites al tiempo de pantalla e incluso a plantear prohibiciones parciales de ciertas tecnologías. Sin embargo, el exceso de cautela también puede traducirse en perder acceso a información oportuna, vínculos, entretenimiento y más.
Si se destila el mensaje más claro de la investigación, el panorama queda así: para la mayoría, las pantallas tienen un impacto pequeño, y los riesgos reales se concentran en quienes tienden a un uso excesivo o problemático. Esos son los casos que merecen estudio más a fondo y apoyos a medida.
Entonces, ¿debería preocupar el tiempo de pantalla? La respuesta tiene matices. Si los dispositivos empiezan a invadir la vida diaria, tiene sentido reajustar hábitos o consultar a un profesional. Para la mayoría, en cambio, el tiempo de pantalla está lejos de ser el principal factor de riesgo, por más que los titulares suenen alarmantes.