Cómo usar el calefactor portátil sin riesgos en casa

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Cuando el frío se instala más rápido que la calefacción central, los calefactores portátiles se convierten en el salvavidas de la temporada. Pero junto al confort, a menudo traen un riesgo silencioso. Los servicios de emergencia insisten en que el mal uso de estos aparatos sigue siendo una de las causas más comunes de incendios domésticos.

Para que el calefactor aporte calor y no preocupación, basta con cumplir unas cuantas reglas simples e innegociables.

El error más común: alargadores y regletas

Los calefactores consumen mucha electricidad. Si se enchufan a un alargador barato o a una regleta, el cableado se recalienta.

El resultado puede ser:

  • contactos derretidos,
  • humo en la carcasa,
  • un alargador que puede incendiarse en cuestión de minutos.

La manera correcta es conectarlo directamente a un enchufe de pared exclusivo, sin compartirlo con un hervidor, un microondas ni ningún otro aparato de alto consumo. Es un atajo que, sencillamente, no compensa.

Dónde no se debe colocar un calefactor

Un chorro de calor puede prender objetos cercanos incluso sin tocarlos.

Es arriesgado situarlo:

  • pegado a cortinas,
  • cerca de la cama o de mantas,
  • junto a alfombras y muebles tapizados,
  • debajo de un escritorio o encajado en un rincón estrecho.

Deja al menos un metro de separación respecto a todo lo que lo rodea.

Un punto crucial: nunca dejarlo desatendido

Ni siquiera los modelos modernos con protección contra sobrecalentamiento están libres de fallos.

Los especialistas subrayan que no conviene dejar un calefactor encendido en una habitación vacía ni quedarse dormido con él, en especial si está cerca de la cama. Un cortocircuito puede bastar para que las llamas se propaguen en cuestión de minutos.

Lo que a menudo se pasa por alto: el polvo

El polvo acumulado actúa como combustible. Se deposita dentro de la carcasa y en los elementos de calentamiento; al encender el aparato, se quema y dispara la temperatura.

Conviene:

  • desmontar y limpiar el equipo antes de la temporada (si el diseño lo permite),
  • retirar el polvo de rejillas y carcasa de forma regular.

Qué calefactores son más seguros

Ningún aparato ofrece protección absoluta, pero algunos diseños conllevan menos riesgos.

Opciones más seguras:

  • radiadores de aceite,
  • convectores con protección contra sobrecalentamiento,
  • calefactores cerámicos.

Opciones de mayor riesgo:

  • termoventiladores de resistencias antiguas,
  • dispositivos caseros o reacondicionados,
  • unidades de fabricantes desconocidos sin etiquetado.

Cables y enchufes: el punto débil

El cable del calefactor no debería calentarse. Si al tacto se nota caliente durante el uso, la carga es excesiva: hay que dejar de usarlo.

Lo mismo vale para los enchufes:

  • si la carcasa está templada,
  • hay olor a plástico,
  • se oyen chasquidos—
  • todo ello indica sobrecalentamiento y un posible incendio.

El calor debe ser seguro

Los calefactores portátiles llevan tiempo siendo aliados cotidianos, pero exigen cuidado. Elegir un equipo de calidad, conectarlo como corresponde y prestar atención a los detalles ayuda a prevenir incendios y hace el invierno más llevadero. Un poco de vigilancia se amortiza muchas veces.