Los qanats de Teherán: patrimonio hídrico bajo la ciudad

Generated by DALL·E

Bajo el rugido del tráfico y las capas de asfalto de Teherán podría latir un hilo olvidado del pasado. No es simple romanticismo: Irán se sostuvo durante siglos en una vasta red de conducciones subterráneas de agua —los qanats— que llevaron caudal sin una sola bomba. El portal Turistas apunta, con cierta melancolía, que las huellas visibles se vuelven escasas, y las pocas que resisten a menudo pasan desapercibidas para quienes se apresuran sobre ellas.

¿Qué es un qanat y por qué importa?

Un qanat es un túnel subterráneo con una pendiente suave que desciende desde las montañas hacia los asentamientos, de modo que el agua llega por gravedad a casas y campos. A lo largo del recorrido se abrían pozos verticales para limpiar e inspeccionar el sistema. Este modo de captar y conducir el agua se ideó en Persia hace más de tres mil años.

En el clima árido de Irán, estas obras sostuvieron comunidades: aportaban agua potable y hacían posible la agricultura. En algunas aldeas, los qanats siguen en funcionamiento y, lo notable, siguen cumpliendo su cometido.

¿Qué tiene que ver esto con Teherán?

La capital aún se reserva secretos. No hay datos públicos y completos sobre un gran sistema de qanats bajo la ciudad, pero persisten testimonios dispersos. En el noreste, en torno a Sohanak, los vecinos siguen mencionando varios de estos conductos. En su día proporcionaban agua para beber y regar, lo que sugiere que galerías subterráneas similares probablemente abastecieron partes de Teherán en el pasado.

¿Por qué recordar estos canales?

No se trata solo de historia. Los qanats forman parte del patrimonio cultural de Irán reconocido por la UNESCO. En las zonas rurales aún sostienen la vida cotidiana y ayudan a proteger el agua pese al calor y la escasez de lluvias.

En megalópolis como Teherán, el panorama es distinto: los canales se desvanecen, se tapan con las obras, se ignoran o se dan por irrelevantes. Con los retos hídricos actuales, dejarlos caer parece una pérdida miope que podría pesar más de lo que su modesta huella hace pensar.

¿Qué se puede hacer?

Hay opciones. Para empezar, es crucial documentar lo que queda: hablar con residentes de toda la vida, revisar archivos y consultar mapas antiguos. Es posible que algunos conductos sigan corriendo bajo tierra, simplemente intactos durante años.

Igual de importante es contar esta historia a gran escala: el patrimonio que no recibe atención pública es el que antes se esfuma.

Los qanats recuerdan que la gente supo encontrar soluciones elegantes y de baja tecnología para sobrevivir en entornos duros. Si Teherán quiere conservar un hilo que la conecte con sus raíces, la búsqueda bien podría empezar en las capas subterráneas de su propia memoria.