Cómo ventilar la lavadora y cuándo cerrar la puerta

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Un hábito que puede salir caro: dejar la puerta de la lavadora abierta después del ciclo parece lo más natural. Entra aire, el tambor se seca antes y disminuye la posibilidad de moho. Sin embargo, muchos manuales insisten en lo contrario: ciérrala. No es burocracia; hay motivos técnicos muy concretos y tienen sentido.

Lo que dicen los fabricantes

Las guías de usuario no son unánimes. Algunas ni mencionan la posición de la puerta; otras piden cerrarla tras cada lavado. En ciertos modelos se indica con claridad: cuando se saca la colada, hay que secar la junta y el cristal y, acto seguido, cerrar.

Los fabricantes subrayan que la puerta no es una simple tapa: forma parte del sistema de bloqueo de seguridad que mantiene el ciclo a salvo, especialmente a altas temperaturas y con bastante agua en el tambor.

El riesgo oculto de la puerta abierta

Si la puerta se queda siempre abierta, las bisagras soportan una carga extra. Con el tiempo pueden ceder, como ocurre con las de los muebles de cocina. La diferencia está en las consecuencias: en una lavadora, ese desajuste puede impedir que el bloqueo encaje con fiabilidad.

¿El resultado? El aparato puede negarse a arrancar. Es una protección deliberada: si la puerta no sella bien, aumenta el riesgo de fugas y el agua puede causar daños en casa y a los vecinos de abajo.

¿Y el moho?

La preocupación es legítima: con la puerta cerrada, el tambor queda húmedo, y la humedad trae malos olores. Pero dejar la puerta de par en par tampoco es la mejor respuesta. Hay un punto medio, y las soluciones son sencillas.

Déjala abierta un rato

Tras el lavado, seca la junta y el cristal, deja la puerta abierta entre 30 y 60 minutos para que salga la humedad y, después, ciérrala.

Déjala entreabierta, sin cargarla

Algunos modelos incluyen un limitador que impide que la puerta cierre del todo. Si no lo hay, puedes acomodar la puerta para que repose sin cargar peso en las bisagras.

Puerta cerrada, cajetín abierto

Abrir el cajetín del detergente ofrece otra vía de escape a la humedad. Así se seca el interior sin forzar las bisagras.

Un compromiso sensato

Dejar la puerta siempre abierta parece práctico, pero el hundimiento de las bisagras acaba en reparaciones y, a veces, en recambios. Cerrar sin ventilar, por su parte, invita a otros problemas. La rutina más eficaz combina ambas cosas: airear la máquina y luego cerrarla hasta la próxima colada. Protege los componentes, evita gastos y mantiene el tambor sin malos olores. Y, al final, es el equilibrio lógico entre comodidad y cuidado.