Mulkirigala, el monasterio rupestre cerca de Tangalle

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A pocos kilómetros tierra adentro de la costa sur de Sri Lanka, entre la vegetación exuberante cerca de Tangalle, se alza un acantilado de algo más de 200 metros que domina la arboleda. En sus cornisas descansa el antiquísimo complejo de Mulkirigala, uno de los monasterios budistas más antiguos de la región, con casi dos mil años a sus espaldas. Pese a su edad, sigue siendo uno de los lugares más sugestivos del sur; el ambiente se impone sin necesidad de grandes gestos.

La roca que sostiene los templos

Para llegar a los santuarios hay que superar más de 500 peldaños, atravesando terrazas, cuevas, portadas talladas y estatuas gastadas por el tiempo. Siete templos rupestres se abren en la roca, cada uno con su historia. Dentro aparecen imágenes del Buda —sentado, de pie y recostado—, y las paredes guardan pinturas de siglos que conservan una nitidez sorprendente.

Desde la cumbre se despliegan amplias vistas sobre la jungla. El silencio, sumado a la altura, da la sensación de que aquí el tiempo discurre a otro ritmo.

Casi 2.000 años de historia

Los historiadores sitúan el origen del monasterio en el siglo III d. C., durante el reinado del rey Saddhatissa. Con el paso de los siglos, el conjunto fue reconstruido, ampliado con nuevas cámaras y decorado con frescos. Los cambios más visibles llegaron bajo los reyes de Kandy, una etapa en la que florecieron las artes y los oficios en Sri Lanka.

Hoy Mulkirigala está reconocido oficialmente como monumento de importancia nacional. Peregrinos y viajeros se acercan para ver una historia que todavía parece latir.

Lo que espera dentro

El principal tesoro del complejo son sus murales, que ilustran episodios de la vida del Buda y de sus encarnaciones anteriores. Están realizados en el estilo tradicional de Sri Lanka: líneas minuciosas y tonos ricos que, aunque atenuados por los años, siguen siendo nítidos.

Más allá de los frescos, las cuevas conservan columnas de madera, arcos tallados, antiguas puertas y estatuas. La atmósfera sugiere cómo podían verse los interiores monásticos siglos atrás: íntimos antes que grandiosos.

Por qué merece la subida

Con toda su profunda historia, Mulkirigala recibe menos visitas que la célebre Sigiriya. Esa ausencia de multitudes forma parte de su encanto: resulta más fácil sentir la quietud del lugar y el ritmo pausado de la vida monástica.

Desde Tangalle, el trayecto por carretera ronda la media hora. La escalera impone respeto, pero hay descansillos, y la vista desde lo alto compensa con creces el esfuerzo.

Fascina incluso si no estás viajando

El complejo seduce más allá del círculo de viajeros frecuentes. Quienes admiran la historia, la cultura y el budismo encuentran aquí lo esencial intacto: murales antiguos, santuarios excavados en la roca y huellas de tradiciones de largo recorrido.

Es una rara sintonía entre naturaleza y arquitectura: la roca no es solo un basamento, sino parte del propio templo, una verdad que se revela en cada detalle.