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Ciénaga de Vasyugán: secretos, historia y clima de Siberia
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Descubre la Ciénaga de Vasyugán en Siberia: turberas milenarias, arqueología, exilios y un rol clave contra el cambio climático. Peligros y misterio en Rusia.
La ciénaga de Vasyugán es uno de los rincones menos explorados de Rusia. Esta vasta franja de Siberia Occidental se ha mantenido casi inaccesible y prácticamente deshabitada durante siglos; paradójicamente, ese sosiego es lo que despierta la curiosidad científica y mantiene vivas las leyendas.
Una turbera del tamaño de un país
Los humedales de Vasyugán se extienden casi mil kilómetros y atraviesan partes de las regiones de Tomsk, Novosibirsk y Omsk. Cubren más de 53.000 kilómetros cuadrados, más que algunos estados europeos. El pantano empezó a formarse hace unos diez mil años y sigue creciendo: en los últimos cinco siglos, su superficie se ha cuadruplicado. El relieve y el clima ofrecen unas condiciones perfectas para que la turba se expanda y vaya devorándolo todo a su alrededor. Donde antes hubo aldeas, hoy sólo quedan construcciones vacías como huellas obstinadas del pasado.
Vida en medio de la ciénaga
A pesar de su aparente vacío, aquí se asentaron personas desde la antigüedad. Comunidades vinculadas a las culturas arqueológicas de Ust-Tartas, Odinovo y Krotovo vivían en viviendas semienterradas y dependían de la caza, la ganadería y la pesca.
Los arqueólogos hallaron también las llamadas máscaras de Vasyugán: piezas de bronce usadas en prácticas rituales. Se considera que adornaban figurillas que representaban a los espíritus de familiares fallecidos, y que los ritos buscaban proteger al clan de fuerzas malignas.
La búsqueda de Belovodie
A comienzos del siglo XX, los viejos creyentes llegaron a los pantanos en busca de un refugio frente a la persecución y la posibilidad de vivir conforme a sus tradiciones. Las leyendas sobre Belovodie, una tierra prometida, los condujeron a Vasyuganye. Levantaron casas, cultivaron la tierra y abrieron sendas a través de la turbera. Con el tiempo, los asentamientos desaparecieron. Ya en la década de 1980, los geólogos sólo encontraban ermitas abandonadas, silencios que hablaban de otra vida.
Los pantanos de los desterrados
En los siglos XIX y XX, la región de Narym, cercada por humedales, se convirtió en lugar de destierro. Miles de revolucionarios cumplieron aquí sus condenas. En 1912 llegó también Iósif Dzhugashvili, el futuro Stalin, aunque escapó poco después. Más tarde, las autoridades enviaron a personas señaladas como kulaks y “enemigos del pueblo”. La población se multiplicó varias veces y muchos no regresaron jamás.
Un refrigerador natural para el planeta
Los pantanos de Vasyugán desempeñan un papel notable en el sistema climático global. Absorben activamente dióxido de carbono y retienen carbono durante miles de años. A modo de comparación, las hierbas lo almacenan unos cinco años y los bosques alrededor de un siglo y medio. Esta capacidad de las turberas ayuda a enfriar el aire y amortiguar el efecto invernadero. En 2006, el área fue declarada sitio protegido y, en 2017, se convirtió en reserva natural. Ese estatus permitió regular la actividad económica y limitar el turismo.
Caminos peligrosos
Los viajeros veteranos insisten en que los pantanos rara vez perdonan los errores. Las trampas de la ciénaga esconden cavidades y moverse sin guía es arriesgado. Si alguien se hunde, el esfagno puede conservar el cuerpo: sin bacterias descomponedoras, la putrefacción no avanza. Hasta ahora no se han hallado cuerpos en Vasyugán —aquí no se extrae turba—, pero la mera posibilidad añade un velo de misterio que se siente a cada paso.
Un territorio de secretos
La ciénaga de Vasyugán sigue siendo un enigma: vasta, fría e imponente. Guarda rastros de culturas antiguas, la historia de los desterrados y las esperanzas de quienes buscaron un paraíso en la Tierra. Aquí, el pasado y el paisaje siguen marcando las reglas, y el presente camina con cautela.