01:09 16-12-2025

¿Sanación con ruido? Rituales en Perú y Bolivia explicados

Exploramos rituales en Perú y Bolivia: kallawaya, ayahuasca y San Pedro. La música guía la sanación; no hay ritos basados en cacofonía. Se priorizan cantos.

Crece el interés por formas poco convencionales de autocuidado: unos eligen la meditación, otros la respiración consciente y no faltan quienes miran a rituales antiguos. En ese panorama, Perú y Bolivia sobresalen desde hace tiempo como territorios donde perduran tradiciones chamánicas y ceremonias con plantas. De ahí surge una pregunta natural: ¿existen en estos países rituales donde la sanación dependa del ruido, de un sonido agudo y caótico?

La música está en los rituales, pero no es estridente

En Bolivia, el pueblo kallawaya practica formas propias de curación que entrelazan herbolaria, técnicas de respiración, el contacto y la música. La UNESCO reconoce estas tradiciones como patrimonio cultural inmaterial. La música, efectivamente, acompaña el rito, pero se apoya en ritmos calmos y repetitivos pensados para relajar y enfocar, no para provocar tensión sonora.

En las ceremonias de ayahuasca en Perú, los chamanes entonan cantos especiales conocidos como icaros. Se considera que estas melodías ayudan a los participantes a profundizar, sentirse acompañados y orientar el proceso interior. En la práctica, es un canto melódico e intencional, muy lejos de cualquier atisbo de caos sonoro.

Principios similares guían las ceremonias con el cactus San Pedro. También se recurre a cantos e instrumentos tradicionales —tambores, flautas—. Los rituales suelen desarrollarse al aire libre, con la mira puesta en restablecer el equilibrio interno y la armonía con el entorno.

¿Y la cacofonía?

Podría imaginarse que en zonas remotas existen prácticas sustentadas en el ruido. Al fin y al cabo, en otros países se experimenta con la llamada terapia de sonido que utiliza gongs, vibraciones e incluso timbres industriales ásperos. Sin embargo, en Perú y Bolivia no se han documentado ritos de ese tipo.

Revisiones de ofertas de ceremonias, publicaciones académicas y materiales culturales de ambos países no mencionan sanaciones basadas en la cacofonía. Por el contrario, el mensaje se repite: en un ritual, el sonido debe calmar y orientar, no asustar ni descolocar a la persona. El patrón es elocuente y, además, notablemente estable.

Existe un estudio sobre un grupo que practica música y movimiento colectivos como vía para afinarse con las vibraciones de la naturaleza. Incluso allí, el foco está en la coordinación y la armonía, no en un torrente desordenado de sonidos.

Por qué importa

En Perú y Bolivia, la música dentro del rito no es un adorno: tiene sentido propio. A través del canto, se cree que se transmite energía, se establece conexión con los espíritus de la naturaleza y se alcanza una calma sostenida. Todo lo que rompa ese estado —incluido el ruido agudo y la cacofonía— no encaja con la lógica tradicional de la sanación.

El uso del ruido como herramienta terapéutica parece encontrar mayor acomodo en contextos urbanos u occidentales. En los Andes, el énfasis sigue estando en el silencio, el entorno natural y la voz humana.

¿Podría estar cambiando?

No puede descartarse que con el tiempo aparezcan nuevas formas rituales. La gente viaja, comparte experiencias y prueba prácticas de distintas culturas. Es posible que alguien ya esté explorando otra manera de trabajar el sonido, pero por ahora no hay evidencia confirmada. A día de hoy, no se han reportado rituales que usen la cacofonía en Perú o Bolivia.