02:39 14-12-2025
Limpia el alféizar con amoníaco: truco exprés y sin esfuerzo
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Descubre cómo limpiar el alféizar con amoníaco doméstico: dos gotas y un paño bastan para eliminar manchas y grasa en plástico, madera o superficies pintadas.
El alféizar es uno de esos lugares donde el polvo y las marcas aparecen casi a diario. De los cercos que dejan las macetas a las huellas grasientas, quitarlos puede ser un reto, sobre todo cuando la suciedad ya se ha asentado. Últimamente, sin hacer ruido, un método circula entre quienes prefieren soluciones simples y eficaces, y se gana con razón esa atención.
Muchos lo describen como casi ingenioso por lo inesperadamente bien que funciona. Lo mejor: sirve en prácticamente cualquier tipo de alféizar, sea plástico, madera barnizada o una superficie pintada.
Un básico del hogar a la vista de todos
El truco desarma por su simpleza: amoníaco doméstico. Desde hace tiempo se sabe que puede con manchas, cal y grasa, pero pocos lo usaban específicamente en los alféizares. Quienes lo probaron aseguran que devuelve el blanco y renueva la superficie. Incluso la suciedad más terca cede con poca faena, y las marcas leves se esfuman casi al momento.
Cómo funciona el método
Su mayor atractivo está en el tiempo y el coste mínimos: todo el proceso lleva apenas un par de minutos.
Lo que necesitas:
- un disco de algodón o paño suave,
- dos gotas de amoníaco doméstico,
- un poco de agua para el repaso final.
Cómo limpiar:
- Aplica dos gotas de amoníaco al disco de algodón.
- Deslízalo suavemente por las zonas sucias.
- Déjalo actuar unos instantes —por lo general, bastan unos segundos.
- Pasa un paño húmedo por la superficie.
- Para un acabado pulido, termina con un paño seco.
Quienes ya lo dominan insisten en que los movimientos sean ligeros, sin presionar. El amoníaco hace el trabajo y la superficie se mantiene a salvo.
Por qué este método se hizo popular
Son varias las razones. El amoníaco es barato y suele estar ya en casa. De verdad bastan dos gotas, así que el consumo es mínimo. Además, actúa rápido: el alféizar se ve fresco y limpio desde la primera pasada. Y, sobre todo, no hacen falta productos especiales, remojos largos ni rascadores. Es una salida limpia cuando hay que poner orden antes de una visita imprevista o simplemente quieres iluminar el espacio; no extraña que esté ganando adeptos.
Un remate sencillo
Tras la limpieza, muchos aconsejan un último pase con un paño seco: el alféizar se ve visiblemente más claro y gana un brillo mate y suave. Ese gesto mínimo ya se ha convertido en favorito entre quienes buscan soluciones rápidas y al alcance de cualquiera.