23:51 06-12-2025
Lago-Naki en Adiguesia: altiplano UNESCO del Cáucaso y rutas
Generated by DALL·E
Explora Lago-Naki en Adiguesia: altiplano del Cáucaso con vistas UNESCO, dolinas kársticas, Gruta Soleada y la Ruta 30. Cómo llegar, precios y mejores épocas.
La carretera hacia las montañas de Adiguesia empieza de forma previsible: asfalto liso, un letrero que indica la cueva Bolshaya Azishskaya, senderistas con mochilas. Luego, tras una curva, el pavimento desaparece y la ruta se encarama, retorciéndose entre paredes de roca. Ahí comienza de verdad el paseo por Lago-Naki, un altiplano envuelto en leyendas, donde las vistas despiertan algo ancestral.
Del paso a la Roca Utyug y los prados dorados de los Abadzekhs
El paso Azish recibe con aire fresco y un bosque denso. Desde allí, el sendero conduce a la Roca Utyug, un farallón separado del altiplano de Lago-Naki por el profundo valle del Kurdzhips. Para los Abadzekhs, la mayor tribu adigué, estas tierras eran un tesoro: pastos alpinos que alimentaban grandes rebaños. Convertir un paraje así en dominios principescos ni se contemplaba: la tierra era comunal.
El contraste entre dos laderas contiguas sorprende: una, inundada de sol y vestida de praderas hasta los neveros tardíos; la otra, sumida en la sombra de un bosque espeso.
Gruta Soleada y panorámicas de Lago-Naki
Un poco más por el filo del cortado, el camino lleva a la Gruta Soleada, un arco natural por el que se derrama la luz del día. Seca y templada, enmarca una vista impecable del altiplano, un ventanal de la propia naturaleza. Más abajo aguardan puestos informales con queso adigué, pequeñas casas de huéspedes, obras recientes y un goteo continuo de coches. Todo desemboca en el puesto de control de la Reserva de la Biosfera del Cáucaso.
Reserva de Lago-Naki: un paisaje de la UNESCO
Desde 1992, Lago-Naki forma parte de la zona de protección de la Reserva del Cáucaso. En 1999, el Cáucaso Occidental entró en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La entrada a la reserva cuesta 300 rublos por día. La recompensa es generosa: decenas de kilómetros de praderas de alta montaña que se extienden sobre los bosques como una isla en el cielo.
El otoño aquí es más sereno que el verano, aunque en la estación verde relucen la hierba esmeralda y un salpicado de flores. A lo lejos se alzan las moles de Abadzesh, Oshten y Fisht. Sus glaciares reposan sorprendentemente bajos: el clima parece benigno, pero los inviernos cargados de nieve dejan huella.
La legendaria Ruta 30 y un sendero de fin de semana
La célebre Ruta n.º 30, A través de las montañas hasta el mar, cruza el altiplano y fue trazada en 1949. El recorrido clásico empieza en Guzeripl y termina en Dagomys, dos semanas a pie. Las versiones abreviadas permiten cubrir un tramo en pocos días. Para una salida fácil, muchos eligen el sendero local de fin de semana que recorre el borde del altiplano, donde la gran maravilla de Lago-Naki se oculta bajo tierra.
Dolinas kársticas y neveros que se resisten a desaparecer
Lago-Naki destaca por su abundancia de dolinas kársticas, algunas como puertas a una ciudad subterránea. La mayor se encuentra a unos tres kilómetros del control; una antena de telefonía sirve de referencia para saber que se va por buen camino. Aquí sobrevive un nevero perenne: en septiembre ya solo luce una capa de polvo, pero no desaparece. A diferencia de los glaciares propiamente dichos, es suelto bajo los pies y arriesgado de trepar.
Un mar de piedra y una prueba para las nuevas carreteras
El borde del altiplano se conoce como el Mar de Piedra, Mizhehi en adigué. Abajo, desde 2018 se construye un largo zigzag desde Guzeripl. La nueva ruta pretende acercar a los visitantes a la garganta Instruktorskaya, una de las principales puertas de acceso al altiplano.
Las autoridades regionales debaten un plan para enlazar las carreteras en un anillo. Si cuaja, moverse por Lago-Naki será más sencillo, aunque es casi seguro que reavive la discusión sobre la conservación.
Panorámicas que cuesta abandonar
Al fondo, una hilera de cumbres del Cáucaso Occidental completa el cuadro: Bolshoy y Maly Tkhach, el fantasioso Achezhbok, el sobrio Chugush. Dibujan un horizonte imposible de confundir con cualquier otro en Rusia. Aquí el apodo oro de los montañeses cobra pleno sentido: no brilla, pero da libertad, sostiene, protege y deja un recuerdo que sobrevive a generaciones.