17:29 29-11-2025

Polar Owl: la prisión secreta del Círculo Polar Ártico

Cómo es la vida en Polar Owl, colonia de régimen especial más allá del Círculo Polar Ártico: celdas mínimas, rutina férrea, cadena perpetua y fuga imposible.

En los mapas, este punto casi se disuelve en la tundra. En la realidad, es uno de los lugares más herméticos del país. La colonia de régimen especial Polar Owl, escondida más allá del Círculo Polar Ártico, es la última dirección para quienes la sociedad ha decidido que no volverán a caminar en libertad.

Llegar hasta aquí es una prueba que no todos resisten. Dos días en tren, un cruce sobre el poderoso Ob, luego 50 kilómetros de permafrost interminable sin carreteras ni puntos de referencia; solo entonces aparece el asentamiento de Kharp. Unas 150 personas viven allí. Presos, el doble.

Tres zonas, y una de ellas sin retorno

La colonia se divide en tres partes: la de régimen especial, para quienes cumplen cadena perpetua; la de régimen estricto, para condenas largas; y la colonia‑asentamiento, con condiciones comparativamente más suaves.

El núcleo principal son cuatro pabellones para condenados a perpetua. Varias líneas de vallas, alta tensión, cámaras en cada esquina, guardias con fusiles automáticos a lo largo del perímetro. No queda un solo ángulo fuera del alcance de las miradas.

Una celda donde el espacio se agota

La vida transcurre en cuatro metros cuadrados para dos. Una cama metálica, una mesa, un lavabo, un inodoro: todo a un paso. La ventana, enrejada; acercarse está prohibido. Desde lejos apenas se adivina una lámina de cielo. Hablar en voz alta no está permitido: solo susurros. Un detalle dice mucho: la mayoría de los presos tiene educación superior o formación profesional. Muchos tenían empleos corrientes y construían una carrera. Un error —o un delito— lo borró todo.

Una rutina que no admite desvíos

El tiempo en la colonia se organiza para que no quede ni elección ni espejismo. 06:00, despertar. 06:10, ejercicios. 06:30, pase de lista. 07:00, desayuno.

El paseo diario dura unas dos horas en un patio de hormigón con rejilla en lugar de techo. Trabajar solo está permitido a quienes han pasado diez años sin una sola infracción. El resto lee, escribe cartas, guarda silencio. Viven atrapados en el mismo día.

Quiénes cumplen condena en Polar Owl

Aquí están personas de las que ha oído hablar todo el país: Alexander Pichushkin, conocido como el maníaco de Bitsevsky; Nurpasha Kulaev, el único participante sobreviviente del ataque de Beslan; Denis Evsyukov, un ex oficial con rango de mayor que abrió fuego en un supermercado; y Dmitry Butorin y Oleg Belkin, líderes del grupo criminal Orekhovskaya. Los une algo en común: sus condenas no tendrán final.

Huir es imposible, y no porque no se pueda salir del edificio

En toda la historia de la colonia no ha habido ni una sola fuga. Incluso si alguien lograra pasar milagrosamente entre guardias y vallas, afuera espera otra realidad: 50 kilómetros de tundra sin caminos, frío que cae a –50 o –60 °C, el Ob helado, un vacío sin dónde esconderse ni dónde descansar. Aquí la naturaleza es el muro.

Libertad condicional: una posibilidad que casi solo existe sobre el papel

Por ley, tras 25 años los presos pueden pedir una revisión. Pocos tienen alguna opción real de salir. Se conoce un caso: Anvar Masalimov. Su acusación fue reclasificada. Dos años después volvió a prisión por un nuevo delito.

Por qué la violencia no prende en esta prisión

Resulta elocuente que en la última década la colonia no haya registrado peleas ni agresiones. Los internos entienden que aquí no hay nada que repartir y que ningún conflicto cambia su situación. La agresividad pierde sentido cuando la vida se convierte en un bucle cerrado y la esperanza no existe ni en teoría.

Un punto donde el tiempo se detiene

Polar Owl es más que una cárcel: es un lugar donde la vida se contrae a cuatro paredes y el futuro se desdibuja. Afuera, la tundra fría y sin fin; adentro, un vacío que nada logra llenar. Para quienes llegan hasta aquí, la carretera no conduce a otro final.